José Aparicio Cansado


José Aparicio Cansado, (Ateca, 1897-1960), Pepe para los íntimos, nació en el seno de una humilde familia de carpinteros iniciándose en su juventud en el oficio de su padre; más tarde entró como obrero en la fábrica de Chocolates Hueso donde permanecería hasta su prematuro fallecimiento.

Persona tímida e introvertida gustaba de estar sólo, pero su educación y buenas formas le hacían ser cortés y respetuoso con todos de su alrededor, fueran conocidos o extraños.

Pulcro y metódico –virtudes que le hacían ser un perfeccionista en su trabajo, tanto profesional como de ocio- cuidaba mucho su aseo personal llamando la atención el esmero que ponía en el vestir dentro de su humilde condición.

Profundamente religioso y amantísimo de Nuestra Señora de la Peana, su presencia en la misa Primera de los domingos y su posterior adoración a la Virgen en su capilla, era inquebrantable. Como no podía ser de otra manera, fue Esclavo de la Virgen de la Peana hasta su muerte y formó parte durante varios años de la Junta de la Cofradía como tesorero de la misma.

Fue colaborador del desaparecido periódico NOTICIERO DE ARAGÓN como corresponsal de Ateca.

Sus verdaderas pasiones en sus momentos de ocio fueron la cría de canarios y la poesía, poniendo el mismo mimo en el cuidado de los primeros que en la métrica y rima de sus versos.

VOY DE FIESTAS (1952)

¡Vamos, vamos Sebastiana;
prepárame el equipaje;
porque pasado mañana
tengo que salir de viaje
hacia mi tierra atecana.

¿Que tengo tiempo? No tal;
que año tras año he pasado
hasta alcanzar el caudal,
y, cuando lo tengo ahorrado,
eres mi única rival.

No, no espero más, castellana;
que el tiempo corre veloz,
y a mi Virgen de la Peana
la anuncian por altavoz
en su fiesta tan galana.

Ya sabes que hice promesa
cuando tan grave me hallaba,
a Ella, que es sabia Princesa,
si mi enfermedad curaba…
y lo prometido, pesa.

Quiero en los corros beber
el vinillo de mi tierra;
las carreras he de ver,
y a las chicas darles guerra,
porque es del hombre un deber.

En su triunfal recorrido
al Rosario acompañar,
cumpliendo lo prometido;
y sus cuentas desgranar,
en su honor, arrepentido.

Ver las carreras de burros,
el fútbol y la pelota,
comer buñuelos y churros
y apretar bien a la bota,
como hacen todos baturros.

Presenciar la novillada,
y por la noche rondar
hasta llegar la alborada;
y a mis paisanas cantar,
que, sin la jota, no hay nada.

Espera una momento, maño;
no corras tanto, por Dios;
que yo también te acompaño
a dar las gracias los dos
y ver la Virgen este año.

YO QUIERO… (1952)

Yo quiero que Tú seas, ¡oh, Virgen de la Peana!,
mi madre aquí en la tierra, mi dicha, mi contento;
que seas para todos manantial del que mana
la luz, la inteligencia, la fe y el pensamiento.

Yo quiero que a mi pueblo le protejas y le ampares,
que guardes la pureza de todas sus doncellas,
que seas faro y guía en la tierra y por los mares,
y aplaques las envidias y calmes las querellas.

Yo quiero que el enfermo no sufra en este día;
que seas compasiva y amaines sus dolores;
que al ser tu día grande disfrute de alegría
y viertas sobre él tu gracia y tus amores.

Yo quiero que al anciano, la viuda y huerfanito
les des, como gran premio por todo que padecen,
un don tan especial, tan grande e infinito…
que sacie sus pesares, pues bien se lo merecen.

Yo quiero, Madre mía, que Ateca siga noble,
conserve su hidalguía, que sea muy leal,
que sea hospitalaria, que sea como el roble,
y no tenga en España, ni ejemplo ni rival.

Yo quiero que los hijos, los padres, los hermanos,
se presten más apoyo, se tengan obediencia;
que sean como tales, que sean más humanos,
y tengan entre sí cariño y complacencia.

Y todo lo que quiero y pido con anhelo,
confío lo concedas, ¡oh, Virgen de la Peana!,
para que así, a tu lado, tengamos el consuelo
de verte y aclamarte por MADRE SOBERANA.

QUISIERA, MADRE MIA. (1953)

Quisiera, Madre mía, vivir para adorarte;
sentir la misma fe que antaño la sintieron
mis padres, mis abuelos: vivir para rezarte
las mismas oraciones, como ellos ya lo hicieron.

Quisiera no olvidarte mientras con vida exista
e influyas sobre mí, que vibre en más anhelo
de estar junto contigo, que no aparte mi vista
de Ti, y, cuando muera, me eleves hasta el cielo.

Quisiera que este día derrames bendiciones
a todos atecanos que rinden pleitesía
el día de tu fiesta, y todas oraciones
que a Ti te eleven, Madre, te causen alegría.

Quisiera que mi pueblo, en tierra y por los mares
os rinda, por sus hijos, amor y vasallaje
en la ciudad, el campo, las villas y lugares,
por ser la gratitud el más alto linaje.

Quisiera que en enfermos y pobres desvalidos
les tiendas con tu mano remedio en su pobreza,
por ser hijos de Dios y seres elegidos
que, ante esta distinción, inclinan la cabeza.

Quisiera que mi Patria, la fiel y grande España,
de todas las naciones fuese tu preferida
por toda su nobleza; pues no acusa, ni engaña,
aunque la ingratitud le cause alguna herida.

Quisiera que a esta tierra, amor de mis amores,
ampares con tu manto, ¡oh, Madre Soberana!,
la colmes de ventura, de paz y de favores
y veles por sus hijos, ¡mi Virgen de la Peana!

TORRE DE MI PUEBLO (1953)

Torre linda de mi pueblo
que tu silueta reflejas
sobre el agua del Jalón,
yo te veo entre mis rejas
y admiro con emoción
-a pesar de tu vejez-
tu arrogancia y esbeltez.

Tu estilo, puro mudéjar,
luces con altanería;
eres, de propios y extraños,
orgullo por tu valía;
y, en el correr de los años,
a nuevas generaciones
brindarás más emociones.

Torre linda de mi pueblo,
¿con quién te compararé?
¿Con la famosa de Pisa?
¿Con la Giralda?, no sé;
que, desde el pie a la cornisa,
eres joya primorosa,
muy bella, gentil y hermosa.

Forma una cruz tu veleta
que el viento, tenue, la agita
cambiando la dirección;
a agruparnos nos invita
esa cruz de redención,
que a todos, por ser cristianos,
nos une en lazo de hermanos.

Qué bien suena tu campana
en la hora vespertina
previniendo al campesino,
anunciando al que camina
no demore su camino;
que la noche está al llegar
y es difícil caminar.

Si los negros nubarrones
son presagio de tormenta,
nos llamas a la oración;
tu sonido nos alienta,
nos da fuerza y decisión
para luchar cada día
con nobleza e hidalguía.

Torre linda de mi pueblo
que tu silueta reflejas
sobre el agua del Jalón;
yo te veo entre mis rejas
y admiro, con emoción,
tu arrogancia y esbeltez,
a pesar de tu vejez.

MI MADRE ERES TU (1954)

Si nos falta la madre, ¡qué triste vida!
Siempre ella nos presta calor y consuelo;
nos llena de besos , nos es tan querida
que, poquito a poco, nos lleva hasta el Cielo.

Su nombre es tan bello, bendito y sagrado
que no existe nada con él comparable;
la madre nos tiene perenne a su lado,
y el hijo más feo, resulta adorable.

La madre nos mece, nos canta, nos llora,
nos guía en la vida los pasos primeros;
si enfermos estamos, salud nos implora
con rezos sublimes, con rezos sinceros.

Con pulso sereno la cruz en la frente,
desde pequeñitos, nos enseña a hacer
porque ella es cristiana, porque ella es creyente,
y al ser de su vida lo quiere así ver.

Amor tan sublime, amor tan sacrosanto,
jamás en la vida se ha de mancillar:
que no existe nada que sea tan santo,
ni mayor respeto pueda ocasionar.

¡Qué dicha más grande, qué dicha sublime
aquella del hijo que a su madre tiene!
Si sufre pesares, ninguno le oprime;
si tiene dolores, jamás los mantiene.

Yo perdí la mía con mi nacimiento,
no pudo la ciencia sacarla adelante;
y en cierta mañana, y en justo momento,
quedé huerfanito sin tal fiel amante.

Sin madre terrena sostuve un anhelo,
mantuve un afán, y tuve una alegría,
al tener por madre la Reina del Cielo
que, en todo momento, mi fe mantenía.

En la cuna, siempre mi sueño velaste,
Madre mía del Cielo, y con regocijo
mis suaves y rubios cabellos mesaste
por ser, para Ti, el más tierno y débil hijo.

Ya más adelante, fiel seguí el camino
que Ella, como un faro de luz refulgente,
mis pasos guió marcándome el destino
de ser un hombre bueno, honrado y creyente.

¡Oh, Madre del Cielo! Cuanto soy, te debo.
Al Bien, al Trabajo y a Ti, consagré
mis fuerzas y mi vida, y porque en Ti creo,
hasta que me muera contigo estaré.

Que a Ti, Patrona mía y Virgen querida,
dedico ferviente mi amor y oraciones
confiando, que faltándome la vida,
todo mis errores y culpas perdones.

Sí, Madre querida, Madre Soberana,
pues fuiste en la tierra mi luz y mi guía,
a Ti me confío, Virgen de la Peana,
por ser, sobre todo, mi amor y alegría.

INVITACIÓN (1954)

Las fiestas van a llegar
y a ellas, con amor, te invito
seguro que has de encontrar,
por ser programa exquisito,
alegría en tu pesar.

Mi invitación, forastero,
no te ha de causar enojos
y estos días, que yo espero
al arrullo de unos ojos,
los pasarás placentero.

Verás fútbol y novillos,
cucañas y las carreras,
y correr a los chiquillos
por calles y carreteras
con cabezudos, muy pillos.

Lindos rostros hallarás
de mujeres atecanas:
sus gracias admirarás
y, en balcones y ventanas,
miles de flores verás.

A una imagen linda y bella
contemplarás hechizado
por no haber nada como Ella:
y un pueblo que está guardado
por tan refulgente estrella.

Ensimismado y atento
un magnífico Rosario
de fervor, de sentimiento
por María en desagravio,
verás con arrobamiento.

Los fuegos artificiales
son, de gracias, un portento
surcando, los manantiales
de sus colores, el viento
cual cascadas naturales.

Un acogedor ambiente
hallarás en estos días
y seguirás la corriente
de estas faustas alegrías
que esterioriza la gente.

Oirás cantar la jota
en la noche septembrina;
beberás el vino en bota
mientras la luna ilumina
esta estampa tan remota.

Anímate a visitar
en estos días mi Villa
para poder admirar
su torre, que es maravilla
dignísima de loar…

Y otros muchos más festejos
te brindo en este programa
que irá, de seguro, lejos
pregonando justa fama
como los vinos añejos.

Que esta tierra de Aragón,
tierra de nobleza pura,
te ofrece con efusión
lo que no muere y perdura:
¡un puesto en su corazón!

SOY JOVENCITA (1955)

Soy jovencita
Madre de Dios:
!Madre bendita,
confío en vos!

Siempre te veo
risueña y buena;
como en Ti fío,
no tengo pena.

Ya nada tengo
para ofrendarte,
pero mantengo
Fe para amarte.

En tu capilla
que linda estás,
llana y sencilla,
todo lo das.

Das el consuelo
a quien te pide
con gran anhelo
que Vos lo cuide.

Del pecador
tengas clemencia,
más grande amor
e indulgencia.

Y en las desgracias
que nos persiguen,
Tú, con tus gracias,
nos las mitigues.

Al enfermito,
cúralo y sana;
y al huerfanito,
dadle una hermana.

Una hermanita
que él siempre quiera:
buena, bonita
y placentera.

Que es pena dura
perder la madre;
y desventura
no tener padre.

Mi Patria cuida
de azote y guerra;
dadle más vida,
guardad su tierra.

Hoy, en tu fiesta,
todos te aclaman;
y, en esta gesta,
el pecho es llama.

Llama que ahogan
sus corazones
y de Ti abogan
que los perdones.

Ser por tu manto
siempre guardados,
vivir sin llanto
y resguardados,
Virgen bendita,
linda y bonita

GRAN SEÑORA (1956)

Te veo, gran SEÑORA, enhiesta en regio trono,
hermosa, cual ninguna, en gracias y en amores
que das a quien los pide, pues tienen en su abono
las salves que te elevan pidiéndote favores.

Te veo iluminada con cientos de bujías
que dan a tu capilla gran tono y elegancia,
y yo las imagino que son todas vigías
que velan por tus hijos con celo y con constancia.

Si ruge el huracán o acecha la tormenta
te veo pesarosa, te veo amparadora,
hacia este pueblo tuyo, que siente y por Ti alienta
amándote en silencio por que eres su SEÑORA.

Te veo en el Rosario de la tarde septembrina
radiante de hermosura, contenta y satisfecha,
pues llevas en vanguardia a un pueblo que camina
contento, engrandecido, guardándote esta fecha.

En hombros de tus hijos te veo recorriendo
las calles de mi pueblo que lucen colgaduras;
pues pasa su SEÑORA y a todos sonriendo
les lleva en su sonrisa perdones y venturas.

Yo veo que tus hijos te rinden pleitesía,
ausentes o presentes, sin tasa y sin embozo
guardándote el recuerdo, no sólo en este día
sino en todo momento, con dicha y alborozo.

Anciana que no puedes como antes asociarte
en este acto de fe pues te hallas impedida,
no llores, no padezcas, que no deja de amarte
pues sabe que tu llama está siempre encendida.

AL SON DE MI GUITARRO (1956)

Tus amores me enloquecen
y los conservo en el alma:
el de mi madre, mi Patria
y la Virgen de la Peana.

*

Madre, con el traje nuevo
no he conseguido mi amor.
Si en las manos llevo callos,
¿no será mucho mejor?

*

Cuando la jota se escucha
sin estar en Aragón,
resulta pequeño el cuerpo
“pa” aguantar el corazón.

*

Te han enseñado a bailar,
a pintarte y a reír;
¿pero, te enseñó tu madre
a apañar un calcetín?

*

Un consejo quiero darte
y guárdatelo en el alma:
no hay mujer que se le iguale
a la mujer atecana.

*

A la mujer no le de
la rienda que solicita,
porque estarás apañado
en esta y en la otra vida.

*

Tu madre ya no me quiere
como en tiempo me quisiera,
siendo la culpa de ella
que observó por la llavera.

*

La jota no muere nunca
porque es alma y es amor;
porque es celos, desafío,
y es alegría y dolor.

RAZONES SUPREMAS (1956)

¿A dónde vas, Bienvenido,
tan compuesto y elegante;
tú, siempre tan comedido
y sin que nada te encante?

¿A qué debo atribuir
el verte de esta manera:
con maleta, y sonreír
hoy, que es un día cualquiera?

En verdad que esto me extraña,
y espero de tu amistad,
aunque a mi nada me ataña,
sacies mi curiosidad.

Es cierto, mi buen amigo,
y pues te creo discreto
y has sido siempre conmigo
guardador fiel de un secreto…

Te explicaré, Doroteo,
para calmar tu extrañeza
que es grande, por lo que veo,
al oscilar la cabeza.

A Ateca marcho orgulloso,
a su fiesta principal,
que es un pueblo muy hermoso
y acogedor sin igual.

El año pasado estuve
y pasé también los días,
que todos ellos anduve,
de juergas y algarabías.

Allí, en su clima templado,
reparé fuerzas gastadas
entre su extenso arbolado
y sus frutas sazonadas.

Allí penas olvidé
entre el vino y sus mocitas
que, éstas, siempre lo diré,
son recatadas, bonitas.

Allí pude contemplar
su moruna arquitectura,
y mi espíritu saciar
con tan genial estructura.

Allí, tranquilo se vive
los días de vacaciones,
y con todos se convive
por muchísimas razones.

Allí los fuegos, novillos,
gigantes y cabezudos
son solaz de los chiquillos
y de los hombres sesudos.

Allí se escucha la jota,
entre el susurro del río,
que de las gargantas brota,
bien de amor o desafío.

Allí se ve gran fervor
por su Virgen y Señora;
y todo el pueblo es amor
y el que está ausente la añora.

Allí la caza y la pesca
causan también su emoción,
y por las noches, la fresca,
expansiona el corazón.

Razones supremas éstas,
y que nunca olvidaré,
me obligan ir a esas fiestas
que al volver te contaré.

Espera, chico, un momento
que yo también te acompaño,
porque lo que sientes, siento,
y allá me voy por este año.

ACUÉRDATE DE MÍ (1958)

No quiero más vivir
sin tu amor,
mi Madre y mi Señora;
no quiero más sentir
otro grato fervor
que amarte cada hora.

No quiero que mi vida
sea fugaz
viviendo cosas falsas, baladíes;
pues siento que mi huída
de Ti, tenaz,
es vana, pues siempre me sonríes.

No quiero que tus ojos
más lloren
mi ingrato apartamiento;
si causo tus enojos,
imploren
mis sentidos el arrepentimiento.

No quiero sufras más,
no quiero
verte triste, con pena y amargura;
si Tú todo lo das,
infiero
que amarte es gran ventura.

No quiero más estar
alejado de Ti, por mi ceguera;
quiero volver a amar,
a tu lado,
la Fe que es verdadera.

Por eso, en este día
venturoso
de gloria para Ti,
te rindo pleitesía,
y orgulloso
te digo, Madre mía,
¡acuérdate de mí!

CANTA Y RIE (1959)

Ya repica la campana,
ya cohetes voladores
son anuncios precursores,
en esta hermosa mañana,
de sus fiestas y fervores.

Es el fervor por la jota,
por los fuegos y novillos,
por el vinillo en la bota
y el reir de los chiquilllos
que ingenuamente les brota.

Ya se escuchan los sonidos
del pasodoble torero;
ya estamos todos unidos
en este día festero
que es de todos el primero.

Ya cesaron los motores,
ya la esteva está colgada,
ya han vuelto los segadores
a celebrar con amores
su fiesta tan deseada.

¡Hala, mocita atecana!
luce tu lindo atavío
y gentileza, galana,
con más fervor y más brío,
y adorna bien tu ventana.

Esa ventana enrejada
en la que tanto suspiras
noche tras noche, callada,
mientras unos ojos miras
rendida y enamorada.

Luce también la mantilla
en el Rosario, altanera,
porque eres, linda chiquilla,
como una virgen de cera
que se admira por sencilla.

En los toros, el mantón
de rojas flores cuajado,
luce con delectación
para que el enamorado
te rinda su corazón.

Canta y ríe con dulzura
a tu Patrona, atecana;
con canto y risa tan pura
que sea tu galanura
para tan gran Soberana.

Y en su altar, cuando le reces,
y tus cuitas le confíes
elevándole tus preces,
seguro estoy que, tú, ríes
porque todo lo mereces.

Que Ella sabe en demasía
que todos la veneramos,
y que con gran alegría
le pedimos y rogamos
nuestra protección y guía.

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