Carmen Palomar de Lozano


Hija de un humilde carretero, Carmen Palomar Martín nació en Garrai (Soria) pero a los dos años de edad pasó a vivir a Bilbao cuando su familia tuvo que emigrar en busca de un porvenir más prometedor.

A los diecinueve años conoció al que sería su marido, Julián Lozano García, hermano de María, casada con el reconocido acuarelista Rogelio Blasco Millán, todos naturales de Ateca pero afincados en la capital vizcaína. De la amistad pasaron muy pronto al noviazgo y, tras padecer muchas penalidades durante la contienda civil, contraerían matrimonio en 1940.

Fruto del matrimonio nacieron tres hijos: Pilar, María del Carmen y Julián.

Los años de la posguerra fueron duros y tuvieron que pasar varios hasta que las dos niñas pudieran venir al pueblo de su padre a pasar los veranos con sus primas Palmira y Amparo. Para las fiestas de la Virgen de la Peana venían sus padres a recogerlas, y así fue como Carmen Palomar conoció, se identificó y comenzó a amar Ateca, guardando en lo más hondo de su corazón las vivencias de aquellos días lejanos que, muchos años después, resucitaría en forma de poesía.

Se identificó tanto con el pueblo de su marido y con sus gentes, que en sus poemas los hace suyos, y hasta narra una quimérica infancia que sin duda deseo haber tenido.

Enfermo su marido, en 1985 se trasladó a vivir a Algorta-Getxo, cerca de su hija Pilar. Viuda cuatro años después, dedicó los últimos años de su vida a una intensa actividad en el Club de Jubilados de Algorta.

Falleció a los ochenta y dos años.

LA MOZA (1975)

Suena el reloj.
Ya da sus campanadas.
Ya es la hora. La moza
deprisa se engalana.
Sale ligera de casa.

¡Qué ilusión
lleva en la cara!

Tiene prisa en llegar
donde su galán
le aguarda.

¡Qué bella está la moza
con sus mejores galas!

¡Cómo le brillan los ojos
al ver al que ama!

Juntos de la mano,
a rezar van
a su Virgen de la Peana.
Tranquilos sus corazones,
a su alrededor no ven nada.
Sólo ellos, al sentir sus manos,
saben que se aman.

AÑORANZA (1975)

Quisiera volver de nuevo
a los años de mi infancia
para estar siempre contigo,
¡oh, Virgen de la Peana!

Quisiera poder correr
por tus calles y tus plazas
y, al anochecer, rezarte,
¡oh, Virgen de la Peana!

Quisiera también estar
en mi primera enseñanza
que tanto aprendí a quererte,
¡oh, Virgen de la Peana!

Quisiera que Tú supieras
que, aunque de Ti estoy lejana,
nunca me olvido de Ti,
¡oh, Virgen de la Peana!

Quisiera que comprendieras
esta tremenda añoranza
que por Ti siempre he sentido,
¡oh, Virgen de la Peana!

Y, por último, quisiera
que en tus brazos amparada
me durmiera para siempre,
¡oh, Virgen de la Peana!

Y, al pesentarme ante Dios,
como Padre me juzgara,
¡oh, Virgen de la Peana!

AL MANUBLES (1975)

Manubles, que en verano
tan poca agua das
para apagar mi sed
y en tus pequeños pozos,
al refrescar mi cara,
no me puedo ver.

Pero en las tormentas,
¡ay!, desde mi lecho,
¡cómo te oigo correr!
Corres turbulento, fiero,
y lo inundas todo
cuanto hallas al paso.

Tienes prisa en llegar
al límite de tu regazo
para juntarte con Jalón
en un abrazo;
en ese abrazo que, unidos,
iréis río abajo.

Cuando vas tranquilo
tus aguas riegan y dan
vida a los campos.
Y yo sonrío al veros unidos,
Manubles y Jalón; así, tranquilos,
¡cómo me gusta contemplaros!

EL RIO JALON (1975)

Corre, río caudaloso;
corre, corre, pobre loco,
que por mucho que corras
nunca podrás descansar
y tener reposo.

¿Por qué corres?
¿Quién te sigue?

Véte despacio;
siempre podrás llegar
a tiempo a su regazo.

¡Oh, río que murmuras!
¿De qué te quejas?

La sombra tienes de los árboles;
la canción de sus hojas,
tú la llevas río abajo
y sigues, sigues, murmurando.

¿Por qué murmuras?
¿Te sientes sólo,
con más tristeza?

¿No tienes, ya, a las mozas
que en tus orillas
dejaban la espuma del jabón
al lavar sus ropas?

¡Cuántas niñas bonitas
en el espejo de tus aguas
se miraban!

A tus aguas ya no bajan ;
sus manos, con tus aguas,
no puedes ya tocar:
son los tiempos que avanzan
y corren, corren, como tus aguas.

LA VIEJECITA (1977)

Ya suenan las campanas,
a la novena llaman.
La viejecita, ligera, se prepara,
ya sale de casa.
Hermosa está la mañana,
con su manto negro
su cabeza blanca tapa.

Sube despacio la cuesta,
sus piernas ya le fallan.
¡Cuántas veces las ha subido
en su vida larga!

Corriendo, cuando era niña;
ligera, gentil,
siendo una muchacha;
ahora, con los años encima,
despacio, fatigada.

Pero siempre contenta y feliz
por poder subir
y rezar a la virgen de la Peana.

AL JALON (1977)

Jalón, hoy te contemplo
desde mi ventana.
¡Qué limpias y transparentes
son tus aguas!
¡Qué tranquilas cuando pasan!
Las hojas de los árboles
suavemente arrastras.

En el silencio oigo
el murmullo de tus aguas
que dicen, que cantan…
!Qué tranquila al oírlas
se siente mi alma!
En tus orillas no hay nada
que pueda mancharlas.

Yo quisiera estirar mis manos,
en ellas refrescarlas,
llevarlas a los labios
y sentir el frescor de tus aguas.

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