Rubén Soriano Cambronero


Rubén Soriano Cambronero (Ateca, 1918 – Cabra, 1992) hizo sus estudios primarios en Ateca y se colocó como empleado en la Oficina de Recaudación Tributaria del Partido. Deportista nato, destacó como delantero del equipo de fútbol local cuyos colores defendió con tal orgullo que llegó a rechazar una propuesta de fichaje en el Calatayud. Trasladado por motivos profesionales a la ciudad de Cabra, la gran distancia con su querida tierra natal abrió una barrera que intuía sólo franqueable por el inevitable puente de la muerte. En su única poesía con que colaboró deja entrever la nostalgia que le embargaba al recordar el pueblo que le vio nacer y cómo en su mente se agolpaban las imágenes de cada uno de los rincones queridos y, muy especialmente, aquel camino de las Requijadas que una noche le condujo a la Estación a tomar el tren que le alejaría para siempre, y el camino de San Roque, consciente que era el único que haría posible el reencuentro con lo que dejaba atrás.

Rubén descansa desde 1997 bajo una Cruz del cementerio de San Roque, oliendo a tomillo y a romero tal como anhelaba en sus versos.

LOS CAMINOS DE MI PUEBLO (1964)

Me acuerdo de los caminos
que parten desde mi pueblo
de una manera tan grata,
que se acompasan los ecos
de mi lira con el aire
de la rosa de los vientos
y me vuelvo a sentir niño
como en mis dichosos tiempos.

¡Tienen sabor de romance
los caminos de mi pueblo!

La senda que va a “San Roque”
huele a tomillo y romero
y a hiniesta hasta la misma
entrada del Cementerio.
Allí me espera una Cruz
hecha, tal vez, del almendro
que fue de mis travesuras
castillo, torre y trapecio.

¡Ay, camino de “San Roque”;
espérame mucho tiempo!

Camino de mil caminos,
camino “Las Requijadas”,
por donde me fui una noche
con emoción embargada;
aún volveré, cuando pueda,
a sembrar también mi huerto,
porque todos los de Ateca
-hablo del que vive lejos-
tiene la idea de volver
con los almicafres prestos
y la escritura de un “cacho”
de aquel bendito terreno,
aunque no pueda sembrar
nada más que pensamientos.

¡Ay, caminos y sendas
que circunvalan mi pueblo!

En cada piedra dejé
un pedazo de otro tiempo
y, como aquél que dice,
se marchó por el sendero
que no va ni a la “Veguilla”,
ni a la “Sierra”, ni a “Montenuevo”;
que termina en el atajo
de morirse, que es lo cierto.

¡Ay, camino de “San Roque”,
espérame mucho tiempo,
que a cambio quiero llevarte
la realidad de mis sueños!

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