EL SABIO FILÓLOGO DON JULIO CEJADOR Y FRAUCA


Publicado en el Semanario La Comarca el 22 y el 29 del 8 de 2014

Aunque el sabio y filólogo D. Julio Cejador y Frauca (07/01/1864 – 01/01/1927) naciera en Zaragoza, el hecho de pertenecer a una familia de ilustre abolengo afincada en Ateca desde hace muchos siglos, nos permite y nos honra considerarlo como uno de sus hijos más esclarecidos de todos los tiempos. Su padre, Pascual Cejador Lozano, Perito Agrónomo, casó con Ana Frauca, de origen vasco, y marchó a Zaragoza. De este matrimonio nació Julio que a los trece años quedaría huérfano de padre, siendo este evento causa de que en su infancia y juventud pasara largas temporadas con sus abuelos maternos que le permitirían familiarizarse con el euskera.

Ingresó en la Compañía de Jesús estudiando en España y Francia, dedicándose a la enseñanza y ordenándose sacerdote, aunque su fuerte carácter y las discrepancias con sus superiores le harían pasarse al clero seglar. Viajó por Oriente aprendiendo las lenguas eremitas e indoeuropeas, mostrando tal aptitud para los estudios filológicos que en sólo dos meses aprendió el vascuence tan a fondo que le permitió desarrollar una de sus teorías más atrevidas.

Fue Catedrático de Latín y Castellano en el Instituto de Palencia donde fundó un Ateneo. Colaboró en varios periódicos. En el Ateneo de Madrid dio varios cursos sobre lingüística pasando, después de Palencia, a la Cátedra de Lengua Latina de la Universidad Central. Fue profesor de griego, hebreo, latín, sánscrito y francés en diversos establecimientos, pasando luego a la Cátedra de Lengua Latina de la Universidad Central.

De sus más de ochenta obras destaca El lenguaje, obra monumental de doce tomos, (Salamanca, 1901-Madrid, 1914), donde estudia por medio de la comparación de lenguas las transformaciones del lenguaje, su estructura, su unidad y su razón de ser para deducir cual de ellas es la primitiva, desarrollando la audaz teoría de que se trataba del euskera, fundándose en que es el único de los idiomas que conserva el estado primordial de los demostrativos. Los títulos de los cuatro primeros tomos son los siguientes: Introducción a la ciencia del lenguaje, Gérmenes del lenguaje, Embriogenia del lenguaje y Origen y vida del lenguaje. Los otros ocho tomos corresponden a Tesoro de la Lengua Castellana y Lo que dicen las palabras.

Son también dignas de reseñar las siguientes:

Gramática griega. Obra que fue aceptada como libro de texto en varias universidades, entre ellas la de La Habana.

La lengua de Cernantes. Gramática y diccionario de la Lengua Castellana en el “Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Manca”. Dos tomos, Madrid 1905-1906, premiada por el Ateneo de Madrid.

Nuevo método práctico para aprender la Legua Latina. Cuatro volúmenes, Palencia 1907-1908.

Historia de la lengua y literatura Castellana (Desde sus orígenes hasta la época contemporánea). Catorce tomos en quince volúmenes. (Madrid 1915-1922).

La verdadera poesía castellana. Cinco volúmenes. (Madrid 1921-1923).

Ibérica I. (Alfabeto e inscripciones ibéricas). (Madrid 1927-1928).

Ibérica II. (El alfabeto ibérico y las inscripciones neolíticas; el alfabeto e inscripciones ibéricas en la época del reno pirenaico; el alfabeto ibérico en Creta; la pictografía en Grecia prehelénica y el alfabeto ibérico en la Italia prehistórica). (Barcelona 1926 – Madrid 1928).

Toponimia hispánica. (En ella estudia la toponimia hispánica hasta los romanos, inclusive, para cotejarla con la vascongada). (1928).

Vocabulario medieval.

Refranero castellano.

Entre su producción literaria encontramos las siguientes novelas:

Oro y oropel. (Madrid, 1911).

Mirando a Loyola. (Madrid, 1913).

Trazas de amor. (Madrid, 1914).

De carácter didáctico escribió:

Tierra y alma española, que abarca la historia y geografía de nuestro país.

Buena parte de esta obra se encuentra en los fondos de nuestra Biblioteca Municipal por donación, en 1982, de su sobrina doña Rosario Cejador López, heredera de la casa solariega de los Cejador y poseedora, hasta su muerte, de la magnífica biblioteca del ilustre y sabio lingüista y filólogo.

Muy apreciado por los estudiosos de nuestra lengua al otro lado del océano, en 1926 el The Hispanic Society of América, de Nueva York, encargó para su Museo un retrato de D. Julio Cejador al pintor José María López Mezquita. Fallecido el sabio, fueron varios los homenajes dispensados, entre los que destacó el realizado en el Real Consistorio Hispanoamericano en Madrid por la Universidad Central, Federación Nacional de Claustros Universitarios y Colegios Doctorales y la Real Sociedad de Amigos del País.

En su casa de Madrid sus compañeros de cátedra de España y América colocaron una lápida en la fachada con la siguiente inscripción: “En esta casa vivió el sabio filólogo D. Julio Cejador (1864-1927) eminente historiador de nuestras letras, maestro insigne del idioma castellano. Recuerdo de sus compañeros universitarios de España y América”.

Pese a todos los elogios y reconocimientos póstumos que recibió, en vida no fue muy reconocido por sus colegas. Edmundo González, en su trabajo “Un sabio español menos” se lamentaba así: “No solo la Universidad no le apreciaron con la equidad debida y con la simpatía a que era acreedor por sus admirables hallazgos de ingenio en materia de filología comparada, sino que le tacharon de extravagante y audaz y no faltó quien le considerara como un loco”.

Efectivamente, en su autobiografía Recuerdos de mi vida refleja D. Julio una gran decepción al no ser aceptada su audaz teoría sobre el origen de las lenguas. Otra decepción de la que se lamenta es no haber sido designado miembro de la Real Academia de la Lengua, no ocultando considerarse más acreedor que su contemporáneo D. Ramón Menéndez Pidal con el que parece mantener un pulso constante en sus investigaciones. Este hecho se puede apreciar en algunas de sus obras, especialmente en El Cantar de Mío Cid y la epopeya castellana, donde refuta la teoría de Menéndez Pidal sobre la fuente de inspiración del poema, manteniendo y argumentando Cejador que el Cantar de Mío Cid es una obra erudita y que las Crónicas no fueron sacadas del Cantar, sino que son una prosificación de los más antiguos romances, concluyendo tajante : “la teoría de Menéndez Pidal es errónea y la propuesta por mí es la conforme a los hechos”.

Con motivo de la donación arriba mencionada, el Ayuntamiento de Ateca le tributó un sencillo pero emotivo homenaje, y otorgó a la Biblioteca Municipal el nombre de D. Julio Cejador. Aunque el detalle de las Autoridades es digno de aplauso, no premia ni honra lo suficiente a quien con nuestra sangre alcanzó el merecido epíteto de sabio.

(BIBLIOGRAFÍA.-Enciclopedia ESPASA.-“Recuerdos de mi vida” y “El Cantar de Mío Cid y la Epopeya Castellana”).

NOTA: Este artículo ya fue publicado en ATECA. Retazos históricos y en Pasado y presente de la muy Ilustre Villa de Ateca.

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