DOÑA LAURA SÁNCHEZ ROY


Publicado en el Semanario La Comarca el 7/7/2015

Laura Sánchez Roy nació en Ateca el 1 de noviembre de 1921 en el Carrer Largo, número once. Su padre, Juan José Sánchez Inogés, falleció cuando ella tenía ocho años, circunstancia que motivó su traslado a Madrid, junto con su madre y su hermana, para vivir con la familia materna. Ello no significó que abandonara definitivamente Ateca, puesto que solía pasar la temporada estival en el pueblo con sus familiares paternos.

Cursó estudios de Magisterio que se vieron  interrumpidos  por el estallido de la Guerra Civil, en cuyo transcurso sería herida gravemente durante un bombardeo.

Acabada la contienda pasó varios años de la posguerra trabajando en la Oficina de Abastos gestionando la concesión de cartillas, hasta que por problemas de salud de su madre hubo de dejar su trabajo para dedicarse a su cuidado.

Falleció en Ciudad Real el 9 de mayo de 1990

Desde joven gustó de escribir sobre sus impresiones y reflexiones, cultivando, sobretodo, el género poético. Sus poemas reflejan la identificación que hacía del mundo rural con el equilibrio, en contraposición,  al vivir urbano.

Inteligente, sensible e independiente fue, en cuanto a la concepción de la vida, una mujer adelantada medio siglo a los tiempos que le tocó vivir.

Durante diez años (1962-1971) publicó en el programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Peana sus poesías. Del año 1969 es este nostálgico poema titulado Noche de Agosto:

Fue noche de luna llena / la noche de San Lorenzo; / la luna estaba brillante / luciendo entre los luceros.

¿Recuerdas aquella noche, / camino de San Lorenzo? / ¡Noche propicia de amores, / y no me diste ni un beso!

 ¡Camino de San Antonio! / ¡Camino de San Lorenzo! / ¡Los dos  el mismo camino / clavado en mi pensamiento!

Éramos adolescentes / y era nuestro amor primero. / ¿Comprendería la luna / mi secreto y tu secreto?

¡Como me hablaste callando, / no se oyó más que silencio! / Y no me dijiste nada; / te quedaste serio, quedo; / de amor nada me dijiste / ¡y no me diste ni un beso

Y pasó aquella ocasión / y ya no hemos vuelto a vernos.

 Nos vimos, sí que nos vimos: / Ante tu madre, en tu huerto; / mas, tú, te quedaste laxo, / los brazos caídos, quieto, / ¡por no darme, no me diste / ni siquiera un  sólo beso!   

¡Todo lo estoy recordando / como se recuerda un sueño!

¿Acaso habré soñado / y, tú, fuiste sólo eso, / una sombra entre las sombras / con que se forjan los sueños?

 Aunque estemos alejados, / estás entre mis recuerdos / y, aunque ya no me quieras, / yo siempre te estoy queriendo.

Yo te besaré en la noche, / en la noche de mis sueños; / me acercaré sigilosa / con pasos silentes, quedos, / y el beso que no me diste, / te lo robaré en silencio; / cuando ya sea una sombra, / cuando yo ya esté muy lejos, / camino de las estrellas, / en marcha hacia los luceros. / Y mi alma, fugitiva, / liberada ya del cuerpo, /  volando hacia las alturas, / te susurrará un ¡te quiero!; / pues en la noche estrellada, / la noche de San Lorenzo, / nos fuimos bajo la luna / ¡y no me diste ni un beso!

 

           

(FUENTES: BLASCO SÁNCHEZ, Jesús. Antología poética. Sin editar. Compilación de las mejores poesías publicadas en los programas de fiestas de la Virgen de la Peana de Ateca durante la segunda mitad del siglo XX. Facilitada la biografía por Dolores Labrador).

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