LA FAMILIA LAPEÑA Y LA PARADA DE POSTAS


Publicado en el Semanario La Comarca el 11, 18, 25/9/2015 y el 2/10/2015

Originarios de Arenas (Ávila) e hijos de Francisco Lapeña y Josefa García, los hermanos Baltasar y Vicente Lapeña García se asentaron en Ateca en la segunda mitad del siglo XVIII. Ignoramos los motivos que les trajeron a esta localidad y sólo se nos ocurre que pudiera ser el nombramiento de Baltasar como maestro de postas, servicio restablecido en Ateca el año 1788, cargo que pudo desempeñar en Bubierca desde donde sería trasladado pues nos consta que su hijo Antonio nació allí.

Dos fueron, pues, las ramas de los Lapeña en Ateca: una, la línea de Baltasar y, otra, la de Vicente, siendo la primera la que muestra más interés para nuestra historia, pues del segundo no tenemos noticia de ningún miembro que se destacara.

Ambos hermanos, Baltasar y Vicente, casaron con las hermanas Ana María y Antonia Tello Calleja, respectivamente. Vicente enviudaría en 1790 y al año siguiente se casaría en segundas nupcias con Teresa Moreno Lasayas, de Monteagudo, por lo que la descendencia de Vicente se dividiría en otras dos ramas: la de Lapeña Tello y la de Lapeña Moreno.

Del matrimonio de Baltasar y Ana María nació Antonio Lapeña Tello (Bubierca, ¿?-Ateca, 1820) que casó en 1794 en primeras nupcias con Carmen Lozano Sanz (Ateca 1774-1795) y en segundas nupcias con Marcela Lacarta Trigo (de Alhama), hermana de Antonia, casada a su vez con Félix Lapeña Tello, hijo de Vicente y primo hermano de Antonio. A partir de aquí ambas ramas vuelven a emparentar y a continuar los primos segundos con idénticos apellidos: Lapeña Lacarta. Por su parte, Félix también enviudó (1817) y se volvió a casar ese mismo año con María Herrero Ruiz (de Almazul). Además, de Félix conocemos otros seis hermanos: Francisco Javier (casado con Ramona Mamblona), Ildefonso Baltasar (casado con Francisca Pozo), Gregorio, Teresa (casada con Juan Hervina), Vicente (casado con Esperanza Duce) y Cayetano, estos tres últimos del segundo matrimonio de su padre.

Del matrimonio de Antonio Lapeña Trigo y Carmen Lozano Sanz (fallecida en el parto) nació Ramón Antonio (1895). Del matrimonio con Marcela Lacarta Trigo (Alhama, ¿?- Ateca, 1820) nacieron, al menos, once hijos, de los cuáles fue Baltasar Cayetano fue el que siguió en el negocio a la muerte de su padre.

En consecuencia, a principios del siglo XIX nos encontramos, al menos, con dos ramas de Lapeña: Lapeña-Lozano y Lapeña Lacarta (nietos de Baltasar); y seis ramas: Lapeña- Lacarta, Lapeña-Herrero, Lapeña-Mamblona, Lapeña-Pozo, Hervina-Lapeña y Lapeña-Duce (nietos de Vicente).

De Vicente he contabilizado veintiún biznietos, así que en este punto dejamos a un lado su rama, como dije al principio, y retomamos la rama de Baltasar con las reseñas más destacadas de sus individuos:

DON BALTASAR LAPEÑA GARCÍA. Hijo de Francisco  y Francisca. Nacido en Arenas (Ávila). Casado con Ana María Tello (¿Ateca?¿Terrer?, ¿? – Ateca, 1810).

Nombrado maestro de postas de Ateca con fecha 16 de julio de 1788, el día 28 presentaba ante el Ayuntamiento el despacho de la Dirección General de la Real Renta de Correos y Postas de España por el cual se le nombraba encargado de la parada de postas “nuevamente establecida” en Ateca con los privilegios y prerrogativas que llevaba consigo. Inmediatamente alquilaba de favor una casa amueblada a un tal Toribio de Puerta, de Ateca y abogado de Calatayud, que en noviembre del año siguiente le pedía que la desalojara. El Ayuntamiento le habilitó entonces la casa cuartel que tenía en la plaza (antiguas casas del Concejo) pagando los gastos de las obras del caudal de los Propios a reintegrar de los alquileres.

El matrimonio Baltasar y Ana María otorgaron ante notario en 1799 un concierto con la Compañía por el que se obligaban a poner a disposición del servicio seis caballos con dos postillones “de edad y robustez, calidad e integridad correspondientes” para conducir la valija de Castilla desde la parada de postas de Ateca a las inmediatas, tanto en el viaje de ida como en de vuelta, en las dos expediciones que se hacían semanalmente, compromiso que les obligaba a hacer en ellas las mismas diligencias que se hacían con los correos extraordinarios de Nápoles. Además se comprometían a tener la Parada bien equipada con todos los “pertrechos y asistencia necesarios para el alivio de los gentiles hombres”.

El concierto fue por dos años por lo que recibirían 9.200 reales de vellón por año, cobraderos por medios años adelantados. Entre las condiciones que imponía la Compañía figuraban:

1º Tener los caballos siempre dispuestos en casa y no en dehesas u otros parajes.

2º Que los postillones fueran fieles y de la mayor confianza, obligándose a responder de las faltas.

[Hecho el relevo de caballos, el postillón era el encargado de acompañar al correo (montado en otro caballo o en uno de la cabeza del tiro) hasta el siguiente puesto para volver con los caballos a la parada].

3º No podían valerse por sí o través de sus postillones de llevar carta o pliego fuera de la valija.

4º Para cobrar la ayuda señalada debían presentar una relación jurada de la Justicia de que tenían  los animales, aparejos y demás pertrechos en condiciones.

En 1817 les sucedería en el cargo su hijo Antonio  por traspaso.

Falleció en Ateca el 14 de abril de 1823.

DON ANTONIO LAPEÑA TELLO. Hijo de Baltasar y María, nació en Bubierca. Desde 1817 fue Maestro de Postas de Ateca, dependiente de la Administración Principal de Correos de Zaragoza por traspaso de su padre. Casó el  29 de mayo de 1794 en primeras nupcias con María del Carmen Lozano Sanz, de Ateca, y en segundas nupcias con Marcela Lacarta Trigo, de Alhama de Aragón. Del primer matrimonio nació Antonio, al que pondría de postillón. De su matrimonio con Marcela se conocen, al menos, el nacimiento de once hijos: Gregorio (1801), Baltasar (1803), Juan (1803), los gemelos Valentín y Lázaro (1809), Germán (1811), Fernando (1814), Antonio (1816), Mariano (1817), Vicente (¿?) y Serafín (1820).

En enero de 1824 la Compañía le prorrogó el contrato por seis años que sería interrumpido al sobrevenirle la muerte el 19 de noviembre del mismo año. Le sucedió en el empleo su hijo Baltasar Cayetano.

DON RAMÓN ANTONIO LAPEÑA LOZANO. Nació el 1 de septiembre de 1795. Hijo de Antonio Lapeña Tello y Carmen Lozano Sanz. Fueron sus abuelos paternos Baltasar Lapeña y María Tello, y sus abuelos maternos Marco Lozano e Isabel Sanz. Casó el 30 de diciembre de 1820 con María Campos Pérez, hija de Bartolomé y Silvestra. De su actividad profesional sólo sabemos de él que fue postillón en el puesto de postas durante la regencia de su padre como antes se ha dicho.

DON BALTASAR CAYETANO LAPEÑA LACARTA. (Ateca, 8/8/1803-Ateca, 16/11/ 1857). Hijo de Antonio Lapeña Tello y de su segunda esposa Marcela Lacarta Trigo. Casó el 30 de noviembre de 1827 con María Duce Pérez, hija de Ignacio Duce Abad, fundador de la posada de San Ignacio en 1834, y de Silvestra Pérez García. De su matrimonio nacería Ignacio Lapeña Duce.

[Antonio Duce Montero, de Terrer, casado con Teresa Abad, de Fuentes de Jiloca, fue el arrendador del mesón de Propios cuando salió a subasta por segunda vez en 1797 y lo tuvo hasta 1813. Del matrimonio nacieron Teresa que casó con Fernando Ibáñez, Antonio que casó con Blasa Ibánez,  Esperanza que casó con Vicente Lapeña Moreno (tío de Baltasar) e Ignacio que casó con Silvestra Pérez García, de cuyo matrimonio nació María Duce Pérez. Todos relacionados con la hostelería].

Aficionado a la pintura, en 1824 pintó o repintó el cuadro de San Miguel que había en el Arco del Arial. (El cuadro actual es una copia hecha por el artista local Antonio Martínez Sánchez y el de Lapeña se guarda en el Ayuntamiento restaurado). No sabemos si esta afición hubiera llegado a ser su profesión porque ante la inesperada muerte de su padre en el mes de noviembre de aquel año le sucedió como Maestro de Postas de la Parada de Ateca.

Con la construcción de la Carretera General se debió mejorar el servicio porque, en 1832, la Administración de la Compañía de Reales Diligencias a través de don Antonio Torres, empleado de la Administración de la Compañía de las Reales Diligencias y vecino de Madrid, por poder de don Marcelino Latorre, Marqués de Torremegía, lo contrataba como Maestro de Postas y Diligencias por dos años y medio con estos pactos, entre otros:

1º Tener para el servicio de Correos dos postillones, una silla de montar y dos albardones; para el servicio de la diligencia debía tener los postillones necesarios, las caballerías necesarias y el juego completo de guarniciones para los carruajes. Además, para las diligencias se fijaba el tiempo de media hora para recorrer una legua incluido el tiempo empleado en enganchar y desenganchar.

2º Debía hacer el servicio de la correspondencia pública.

3º Aumentar el número de las seis caballerías que ya tenía con las necesarias.

4º Estas caballerías debían ser a satisfacción de la Compañía e inspectores.

5º Se obligaba a tener prevenidos los animales necesarios para transportar la correspondencia pública y un tiro de ocho caballerías, por lo menos, bien aparejado media hora antes de la hora de llegada del carruaje a la parada para que, en el momento que oyera el aviso de aproximación, sacar el tiro al Camino Real para engancharlo sin pérdida de tiempo.

6º Además debía tener prevenidas dos caballerías para “correr a la ligera” para el servicio de los correos extraordinarios del Gobierno y para particulares que quisiesen viajar.

Los viajes de carruaje que se hacían semanalmente eran los siguientes: dos de ida desde Ateca a Bubierca y dos de vuelta desde Bubierca a Calatayud.

Los viajes de correspondencia eran cuatro semanales.

Por el servicio percibiría 5.000 reales de vellón al año, más los beneficios de los servicios extraordinarios.

Este contrato debió ser prorrogable puesto que el 18 de junio de 1841 era nombrado para servir la Maestría de Postas como socio de la Compañía de Maestros de Postas de la Carretera General de Aragón. El cargo llevaba consigo las siguientes exenciones:

1º. No podía servir cargo de República ni concejil.

2º No se le podían embargar los caballos.

3º Se le debía dar la paja y cebada que necesitara a precio corriente.

5º Podía usar armas ofensivas y defensivas para resguardo de su persona.

A mediados de siglo fue arrastrado por la fiebre minera desatada y formó parte de distintas sociedades. Así, en junio de 1846, lo encontramos como tesorero de la sociedad minera La Amistad que se constituyó para explotar una mina carbonífera en el paraje de Los Frontones, del término de Valdesajar, Partido de Medinaceli (Soria). La formaban Lorenzo Catalán, Pedro Ibarreta, Baltasar Lapeña, Francisco Florén y Vicente Florén, que constituían Junta Directiva y, como socios, nombraron a sus respectivos hijos.

El 31 de diciembre del mismo año, junto con 27 socios más, constituyó la sociedad minera llamada El Paseo, continuación de otra del mismo nombre fundada el año anterior, con el fin de explotar la mina de antimonio llamada Carrascosa en el paraje del mismo nombre en el término de Ateca y denunciada por Raimundo Erruz.

En 1850 era miembro de la sociedad minera La Unión, fundada en 1845, propietaria de las minas de barita Ascensión del Señor y Carmen, sitas en Valdesancho, paraje del término de Munébrega.

Falleció el 15 de noviembre de 1857 en la posada de San Ignacio en la calle del Río y fue enterrado en cementerio de San Roque. Sus restos serían trasladados el 21 de marzo de 1866 al panteón familiar que había mandado construir su hijo Ignacio Lapeña Duce en 1864.

Cuando el joven Baltasar se hizo cargo de la Parada contaba 22 años y 24 cuando casó con la que sería la heredera de la Posada de san Ignacio. La unión de ambos servicios, además de proporcionarles pingües beneficios (ampliaron la posada con una espléndida casa-habitación) les procuró buenas y duraderas relaciones sociales, tanto dentro como fuera de la Compañía, pues en la segunda mitad de siglo encontramos a su nieta Baltasara casada con un tal Antonio Torres, supuesto descendiente del Antonio Torres, Empleado de la Compañía de las Reales Diligencias que arrendó el servicio a don Baltasar en 1832.

Tres años después de su muerte, su viuda arrendaría la posada a Vicente Álvaro, reservándose la cochera para el coche correo. El arrendamiento sería acertado puesto que las obras del ferrocarril de Madrid a Zaragoza habían comenzado y cinco años más tarde era inaugurado, con lo que el servicio recibió un duro varapalo.

DON IGNACIO LAPEÑA DUCE. Nacido en Ateca el 16 de septiembre de 1828. Hijo de Baltasar Lapeña y María Duce Pérez. Casado con María de la Concepción Asensio Algora (1829-1879) de cuyo matrimonio nació Baltasara.

Jurisconsulto. Alcalde de Ateca hacia 1870 y Juez Municipal en 1873. Se le atribuye un concepto muy personal de la Justicia protagonizando algunos casos anecdóticos.

[Se cuenta que había sido visto por las eras un “fantasma” repetidas veces. Estos fantasmas no eran etéreos, sino de carne y hueso que se cubrían con una sábana u otras prendas para que, a la vez que ocultaban su personalidad, ahuyentaban con el miedo que imponían a posibles curiosos y, así, cometer impunemente sus fechorías, las más de  las veces contrarias al noveno Mandamiento. En este caso se trataba de un fantasma de los de sábana, altísimo y con una luz sobre la cabeza, que prefería pasearse entre los montones de trigo de las eras a correr por las peligrosas pendientes de los tejados.

Como los agricultores se quejarán a don Ignacio (entonces Alcalde de Ateca) de repetidas faltas de trigo, salió una noche con el alguacil armado éste con una escopeta y se apostaron en las eras. Esperaron un buen rato hasta que apareció, por fin, el fantasma que comenzó a llenar de trigo un saco. Apuntó el alguacil a la luz que no era otra cosa que una vela y de un certero disparo le voló la cabeza que resultó ser una devanadera que el personaje se había puesto sobre los hombros para impresionar.

Cuál no sería el asombro de alcalde y del alguacil cuando al acercarse comprobaron que se trataba de una mujer algo pariente de don Ignacio. No por eso la perdonó, sino que le impuso de pena salir cargada con el saco de trigo en una procesión para escarnio suyo. Se dice que la mujer sufrió un desmayo de vergüenza].

Junto a su padre se aventuró en los negocios de la minería y formó parte de la sociedad que con el nombre de La Amistad crearon en junio de 1845 para explotar la mina carbonífera de Los Frontones, del término de Valdesajar (Soria).

En 1864 mandó construir un panteón (hoy del Ayuntamiento) para trasladar los restos de su padre Baltasar Cayetano Lapeña y de sus abuelos maternos Ignacio Duce Abad y Silvestra Pérez García. Para el caso, en 1853 compró a Iñigo García y Antonia Moreno por 260 reales de vellón 400 varas cuadradas, parte de un albar, junto a las tapias del cementerio de San Roque por su lado Oeste, que en 1858 ampliaría con 330 varas más con lo que dispondría de un cuadro de poco más de 20 metros de lado que se supone que cerraría con una tapia. Así, pues, el panteón se construyó fuera del recinto del Campo Santo pero con acceso por el mismo a través de una verja de hierro, y no sería hasta 1918, al comprar el Ayuntamiento a Ignacia García Moreno, hija de los dichos vendedores, el resto del albar para ampliar el cementerio, cuando quedaría incluido en él.

En octubre de 1858 solicitó del Obispo de Tarazona, don Cosme Madorrán y Rubio licencia para la construcción del panteón y para celebrar misa en él, concesión esta última condicionada a que sólo se celebrase misa mientras que el Ayuntamiento no edificase capilla pública y no pudiendo impedir que ningún sacerdote celebrara en ella. Como el Ayuntamiento no llegó a construir la capilla referida, la del panteón se consideró como tal, según se desprende del Breve (11 de mayo de 1877) del Papa Pío IX dando autorización para celebrar misa “…en el altar que ha erigido en la Crypta que tiene construida para Panteón de la familia debajo de la Capilla pública inmediata al Cementerio General”.

El día 16 de marzo de 1866 se recibió en el Ayuntamiento el permiso por parte del Gobierno Civil para la exhumación y traslado al panteón de los restos de su padre y de sus abuelos maternos, el día 20 se procedió a la bendición del panteón y, al día siguiente, a la exhumación y traslado de los dichos restos.

Falleció en Ateca el 27 de diciembre de 1883.

DOÑA BALTASARA LAPEÑA ASENSIO. Hija única de Ignacio y Concepción. Heredó sus bienes, en los que estaban incluidos el panteón que construyera su padre, la posada de San Ignacio y la casa-palacio contigua. Casó con Antonio Torres Tirado, maestro de segunda enseñanza en Logroño, con el que tuvo tres hijos: Ignacio (1887-1939), María (1891-1911) y Antonio.

Fallecida doña Baltasara en Logroño el 26 de octubre de 1901 sin testamento y siendo sus hijos menores de dad, su esposo promovió en 1902 juicio abintestato a favor de sus tres hijos que heredaron las propiedades mencionadas. Muertos Ignacio y María el panteón pasó a manos de Antonio, el menor de los hijos, que lo ofreció en 1951 al Ayuntamiento de Ateca por el precio de 25.000 pesetas cuya venta se formalizó el 12 de julio de aquel año ante el notario don Salvador Zaera siendo representado el vendedor por don Francisco Duce Moreno director de la sucursal del Banco Zaragozano en Ateca.

 

(FUENTES UTILIZADAS: Archivos Parroquial, Municipal y de Protocolos de Ateca; MARTÍN MONGE, Jesús: El panteón de Lapeña en el cementerio de Ateca, Revista ATECA, nº 3, 1996, pág. 97-104)

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