DOÑA CARMEN PALOMAR DE LOZANO


Publicado en el Semanario La Comarca el 9/10/2015

Hija de un humilde carretero, Carmen Palomar Martín nació en Garrai (Soria) pero a los dos años de edad pasó a vivir a Bilbao cuando su familia tuvo que emigrar en busca de un porvenir más prometedor.

A los diecinueve años conoció al que sería su marido, Julián Lozano García, hermano de Silverio, José y María, ésta casada con el reconocido acuarelista Rogelio Blasco Millán, todos naturales de Ateca pero afincados en la capital vizcaína a excepción de Silverio y José que residieron siempre en su pueblo de origen. De la amistad pasaron muy pronto al noviazgo y, tras padecer  muchas penalidades durante la contienda civil, contraerían matrimonio en 1940.

Fruto del matrimonio nacieron tres hijos: Pilar, María del Carmen y Julián.

Los años de la posguerra fueron duros y tuvieron que pasar varios hasta que las dos niñas pudieran venir al pueblo de su padre a pasar los veranos con sus primas Palmira y Amparo. Para las fiestas de la Virgen de la Peana venían sus padres a recogerlas, y así fue como Carmen  Palomar conoció, se identificó y comenzó a amar Ateca, guardando en lo más hondo de su corazón las vivencias de aquellos días lejanos que, muchos años después, resucitaría en forma de poesía.

Se identificó tanto con el pueblo de su marido y con sus gentes,  que en sus poemas los hace suyos, y hasta  narra una quimérica infancia que sin duda deseó haber tenido.

Enfermo su marido, en 1985 se trasladó a vivir a Algorta-Getxo, cerca de su hija Pilar.

Viuda cuatro años después, dedicó los últimos años de su vida a una intensa actividad en el Club de Jubilados de Algorta.

Falleció a los ochenta y dos años.

En 1975 nos deleitó en el Programa de Fiestas con este poema dedicado al río Jalón:

 

 Corre, río caudaloso; / corre, corre, pobre loco, /que por mucho que corras / nunca podrás descansar / y tener reposo.

¿Por qué corres? / ¿Quién te sigue?

Vete despacio; / siempre podrás llegar / a tiempo a su regazo.

¡Oh, río que murmuras! / ¿De qué te quejas?

La sombra tienes de los árboles; / la canción de sus hojas, / tú la llevas río abajo / y sigues, sigues, murmurando.

¿Por qué murmuras? / ¿Te sientes sólo, / con más tristeza? / ¿No tienes, ya, a las mozas / que en tus orillas / dejaban la espuma del jabón / al lavar sus ropas?

¡Cuántas niñas bonitas / en el espejo de tus aguas / se miraban!

A tus aguas ya no bajan; / sus manos, con tus aguas, /  no puedes ya tocar: / son los tiempos que avanzan / y corren, corren, como tus aguas.

 

(FUENTES: BLASCO SÁNCHEZ, Jesús. Antología poética. Sin editar. Compilación de las mejores poesías publicadas en los programas de fiestas de la Virgen de la Peana de Ateca durante la segunda mitad del siglo XX).

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