DON JOSÉ MARÍA HUESO DOMÍNGUEZ


Publicado en el Semanario La Comarca el 19 y 26/2/2016

Hijo de Aniceto y Cristina, nació en Ateca el 8 de septiembre de 1826. Supuestamente en Gómara (Soria) casó en primeras nupcias con Remigia de la Orden, de dicha ciudad, de cuyo matrimonio nacieron Francisco y José María. El 28 de enero de 1861, casaría en segundas nupcias con Josefa Florén Cristóbal, de Ateca, hija de Francisco y Carlota.

Comerciante de tejidos, paquetería, quincalla y otros productos (posiblemente tuviera el comercio en los soportales de la casa consistorial, pues sabemos que en 1855 tenía alquilado el local del peso por 350 reales de vellón), hombre de negocios e inversor.

Durante la fiebre minera desatada en Ateca a mediados del siglo XIX, el 17 de julio de 1845 se constituyó, junto con su padre, Matías Lassa y Jacobo Erruz, en sociedad para beneficiar la mina La Zarza sita en el cerro del Explotadero del término de Ateca. En el mismo día otorgaron poder a don Joaquín Elías Carbonell, de Tarragona, para que en nombre de la Sociedad denunciara la mina en la Inspección de Tarragona a la vez que cedían y traspasaban sus derechos a la Sociedad Minera La Amistad Aragonesa de la que forman parte. Esta sociedad también explotaba la mina de plata La Dudosa, sita también en el Explotadero.

En 1862 poseía un huerto en el camino Real, junto al barranco de Las Torcas. Junto a él el matrimonio Hipólito Sola y Rosa Sémper poseían un salto de agua que vendieron a José María por 11.000 reales con la obligación de darles agua por un tubo de tres centímetro de diámetro para su fábrica de aguardiente. Allí montó una fábrica de conocida como Chocolates Hueso, que permanecería allí hasta 1915, año en que su hijo Francisco Hueso de la Orden la trasladó junto al nuevo puente de hierro sobre el río Jalón, en el edificio que fuera fábrica de harinas de Florentino Azpeitia y Moros el cual había comprado por 100.000 pesetas (también le compró la fábrica de aguardiente contigua que había sido de su hermano Luis Azpeitia).

Hizo famoso el chocolate La Fama de Aragón con el que participó en las Exposiciones Aragonesas de 1868 y de 1885 celebradas en la glorieta de Pignatelli y en el recinto del que sería nuevo Matadero, respectivamente, de Zaragoza, obteniendo varias medallas. En la primera exposición, además de chocolates presentó vinos tintos y cáñamo agramado (triturado para sacar la fibra) con máquina movida por agua. En la segunda presentó un aparato rocía-vid (sulfatadora), dispuesto en forma de faja con tres salidas para el líquido para combatir el mildiu enfermedad aparecida en España recientemente, inventado por su hijo Francisco.

Fabricaba chocolates de varios paladares: con vainilla, con canela y de encargo. También los hacía homeopáticos sin canela que los homeópatas recetaban a sus pacientes. En cuanto a las formas, además de las clásicas tabletas (que las había de varios precios), fabricaba piezas reproduciendo cestos, animales (abejas, conejos, leones, patos), cornetas, estrellas, números y letras, caras y “virgencicas del Pilar”, pensados para su venta a viajeros, cazadores o paseantes.

Aficionado taurino, arrendó en 1865 por cuatro años a su propietario Vicente Álvaro la plaza de toros junto con otros vecinos (Andrés Pérez Indarte, Manuel González Ballesteros y Francisco Mallén Clavería) para dar espectáculos.

Los beneficios de su comercio y fábrica los invirtió en la compra de Bienes Nacionales desamortizados por la llamada ley de Madoz y en otros negocios:

Así, el 8 de agosto de 1861 adquiría en pública subasta el molino de La Solana por 240.500 reales y, en 1865, formaba parte de la sociedad La Industrial Harinera (creada el 2 de enero de ese año bajo la razón social Gimeno-Azpeitia y Compañía) junto con Bruno Oroz Rubio (que había comprado el molino de San Martín) y con José María Gimeno Moros, Bernardino Azpeitia Badules, Evaristo Gómez Félez, Gervasio Ucelay Erruz y Felipe Acero Pelegrín para dedicarse a la producción y venta de harinas y demás productos, y a la cría, compra y venta de aves y cerdos “cuando las circunstancias lo aconsejaran”.

El 29 de febrero de 1884 adquirió los parajes de la casa Acón (o Halcón) y el Castillejo pertenecientes a la pardina de Monegrillo. El mismo año adquirió del mismo modo por 35.200 pesetas la dehesa de Armantes, perteneciente a la pardina de Manubles, que traspasó inmediatamente una mitad indivisa a Antonio Remartínez. Esta mitad la compraría su hijo, Francisco Hueso de la Orden, en 1917, y que, en 1932, vendió la totalidad a José María Gimeno Alcolea.

En 1884, su cuñado Blas Abad Sanz había adquirido en pública subasta, también procedente de Bienes Nacionales, por 12.050 pesetas, la dehesa de Jalón (o Cuestas de Jalón). En 1885 la traspasó pro indiviso a favor de José María Hueso Domínguez y Blas Júdez Bernal. En 1887 Blas Júdez vendió a José María Hueso su parte con lo que quedó dueño absoluto. Esta dehesa llegaría a manos de su nieto Fernando Hueso Rolland (hijo de Francisco), casado con Adela Galindo del Hierro, que, una vez viuda, la vendió a la sociedad formada por Cebolla y Alonso. (Cuando éstos partieron, Alonso (a. Paneta) se quedó la parte Oeste que la vendería al Patrimonio Forestal, y la parte Sur se la quedó Cebolla que se la vendió a Manuel el Colorao y, éste a Carlos Cristóbal Sánchez hacia 1987).

Don José María había comprado en 1873 en pública subasta, junto con otros doce copropietarios, poco después del desestanco de la sal (acaecido en 1869), las salinas de Imón y La Olmeda en la provincia de Guadalajara. Su parte del condominio constituido en el momento de la compra, siguió perteneciendo a la familia durante más de 130 años, hasta que las participaciones fueron vendidas en 2007.

De manos privadas adquirió, en 1877, el palacio que don Juan Jayme construyó en las casas que había comprado en 1756 al conde de Argillo don Manuel Muñoz de Pamplona Pérez de Nueros, gravado con un censo perpetuo de 4 libras pagadero a doña María de las Mercedes Bordiú Garcés de Marcilla.. Tres años más tarde, restauraba la planta principal. Este palacio pasaría a sus hijos, y uno de ellos, Francisco Hueso la Orden, compró las otras partes para que fuera residencia de su hijo Francisco Hueso Rolland.

Su actividad política le llevó a ser alcalde de Ateca en 1870. Tomó posesión del cargo el 29/01/1870, nombrado por el Gobernador en sustitución de Pascual Gil Bonasa, que había sido destituido junto con el resto de ediles.

En 1873 fue nombrado Comandante de la Milicia Republicana local organizada tras la proclamación de la Primera República (11/02/1873) para defender al pueblo de los posibles ataques de las fuerzas carlistas y fue el encargado de ir a Zaragoza a recoger cien fusiles que le fueron concedido para ser armada. Ese año, según Francisco Ortega en su Breve reseña histórica, una columna carlista, al mando de Marco de Bello, avistó el pueblo y por una estratagema de los mandos de sus defensores (José María Hueso y, ocasionalmente el Teniente Coronel Ortega), no se atrevió a atacar. Cuenta Ortega que, avistada la partida, don José María sugirió al Teniente Coronel Ortega que contestara a la inquisitoria de rendición por parte de Marco de Bello diciendo que no se rendían y que estaban apercibidos para la defensa. Así lo hizo el Teniente Coronel en presencia del emisario aparentando que allí estaban las fuerzas militares, cuando en realidad sólo estaban los milicianos de Ateca. La estrategia surtió los efectos deseados, aunque la tradición dice que Marco de Bello no fue engañado si no que lo aparentó y aquello le sirvió de excusa para no atacar, pues en la villa tenía amigos y familiares.

Por último, en 1882, fue incluido en una terna, junto con Faustino Sancho y Gil y Vicente Gasca para designar un candidato a diputado provincial por el distrito de Calatayud para representar al partido de Coalición Republicana en la DPZ. Sin embargo, no le fue posible aceptar la elección.

Falleció a los 64 años de edad el 25 de abril de 1889 en su casa de la calle Libertad y fue enterrado en el panteón familiar. Se le celebró entierro de primera clase oficiándose la misa con 20 sacerdotes.

 

(FUENTES: BLASCO SÁNCHEZ, Jesús. ATECA. Retazos históricos. 2001; ORTEGA, Francisco. Breve reseña histórica de la Villa de Ateca. 1924; TOBAJAS GALLEGO, Francisco. Los chocolates de la Fama de Aragón. De José María Hueso, en las Exposiciones de 1868 y 1885. Calatayud.org; Archivos Parroquial, Municipal y de Protocolos de Ateca).

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