DON FRANCISCO UNZURRUNZAGA LOINAZ


Publicado en el Semanario La Comarca el 9, 16, 23 y 30/12/2016

Hijo de Luis y Francisca, nació en la calle Euskalerria nº 7 de San Sebastián el 4 de octubre de 1923, siendo el quinto hijo de los que serían nueve hermanos.

Estudió en el colegio que los hermanos de La Salle (escuelas cristianas) tenían en la parte vieja de San Sebastián.

El estallido de la guerra civil le pilló en zona republicana y la familia se dispersó, y él fue desplazado hasta Bilbao donde sobrevivió como vendedor callejero de periódicos, hasta que embarcó rumbo a Francia como refugiado y donde permaneció casi dos años.

A la vuelta a San Sebastián, ya con catorce años, entró como aprendiz en el obrador de bombones que regentaba José Zahour, originario de Austria, que se había instalado en 1937, y que estaba sito en la misma calle Euskalerria donde él vivía. Allí estuvo aprendiendo el oficio hasta que a los dieciocho años fue voluntario al servicio militar.

Durante los tres años de mili, trabajó como mayorista de pescado, disponiendo así de autonomía económica y ayudando al sustento familiar.

Una vez licenciado retornó al antiguo trabajo de bombonero, pero a finales de 1945, acabada la segunda guerra mundial, el gobierno ordenó expulsar por motivos políticos al Sr. Zahour del territorio español, por lo que éste decidió marcharse a Suramérica, en concreto a Venezuela, pero vendiendo los derechos de su marca de chocolate, ya que el utillaje para la fabricación, servía pero tenía poco valor.

El empresario austriaco conocía a un industrial panadero donostiarra, Angel Mendiola, nacido en Oñate, al que tal vez podría interesarle la venta. Éste a su vez conocía a Ignacio Egaña, también panadero, que disponía en su casa de Oñate de un local apropiado para la instalación del obrador.

En 1946 se formalizó una sociedad, Egaña y Mendiola, que compró los derechos a Zahour y se instaló en Oñate y la producción empezó en Septiembre de aquel año. Francisco Unzurrunzaga se incorporó como empleado, responsable de la producción. En Oñate se hospedó en Casa Torre (Gregorio y Brígida Guridi) hasta que el 11 de Septiembre de 1947 contrajo matrimonio con Araceli Arina Ochoa, en quien encontraría siempre un gran apoyo en su vida profesional acompañándole, incluso, en sus viajes al extranjero, fijando su residencia en R.M. Zuazola 33-35 de Oñate.

Las dificultades para la fabricación eran extraordinarias, sobre todo por la complejidad que suponía el abastecimiento de materia prima. Las fábricas que existían con anterioridad a la guerra entraban dentro del sistema de cupo y no tenían problemas para conseguir azúcar y cacao, pero distinto era el caso de las fábricas, como Zahor, que habían empezado su andadura después de 1936, ya que tenían que conseguir estas materias de estraperlo (en el mercado negro), lo que suponía a veces multiplicar por seis el costo de las materias primas.

En 1949, seguía siendo un pequeño taller de manufactura sin apenas mecanización, fabricando además de bombones, tabletas de chocolate con una producción diaria que apenas sobrepasaba los 200 kilos diarios. Se produjo entonces la primera oportunidad de introducir una base mínima de maquinaria y sobre todo de poder acceder legalmente a las materias primas por medio de una licencia de participación en el cupo. Existía en Bilbao una cafetería llamada El León de Oro, que poseía además una pequeña fábrica de chocolates en la calle Ledesma. Los dueños decidieron suprimir esta parte del negocio, poniendo a la venta la maquinaria que poseían y su cupo de azúcar y cacao.

Ante esta ocasión, Francisco Unzurrunzaga pidió ser socio y con el aval de su suegro, Félix Arina Pérez de Arrelucea, aportó el capital para la adquisición y obtuvo el 25% de la sociedad Egaña y compañía que se constituyó en 1951 a tal efecto.

En 1951 contactó con la fábrica de chocolates COOP de Burdeos, y especialmente con su director Sr. Morax. En aquella época esta fábrica estaba incomparablemente más desarrollada tecnológicamente y servía de referencia a cualquier modernización. Esta relación le resultó muy beneficiosa ya que aprendió cómo fabricar con medios más automáticos.

Durante estos años, nacieron sus dos hijos varones, Luis María en 1948 y Miguel en 1951, que en el futuro colaborarían en la empresa, en el departamento administrativo el primero y en el técnico el segundo.

En Ateca (Zaragoza) existía una fábrica de chocolates que databa de la segunda mitad del siglo XIX (1862), Chocolates Hueso, que funcionaba con una maquinaria obsoleta, sin energía eléctrica, gracias a la energía producida por los saltos de agua. En 1955 una parte de sus propietarios pusieron en venta sus acciones y los socios de Zahor decidieron comprar la empresa. Francisco Unzurrunzaga se desplazó para reorganizarla con la estimación de que le llevaría unos pocos meses, aunque luego permaneció 35 años vinculado a la misma.

Pasados unos meses llamó a su hermano Clemente para que le ayudara en funciones administrativas, y éste desarrolló su vida laboral como Director Administrativo de Chocolates Hueso S.A. hasta su fallecimiento en 1985 con 64 años de edad.

Puso Francisco en marcha la fábrica con los medios que contaba, y empezó de nuevo la producción y comercialización de chocolates en un mercado muy local. Al poco tiempo inició labores comerciales, visitaba clientes viajando en moto y comenzó a crear una red de representantes que en poco tiempo fue cubriendo el mercado nacional.

En 1958 previendo que su estancia en Ateca iba a ser duradera, compró casa en la calle Areal Bajo, 4, edificio que todavía hoy pertenece a la familia. Ese mismo año nació su hija Araceli.

Diversificó la fabricación introduciendo producción de caramelos hacia 1959, y trajo a un maestro caramelero catalán, Sr. Rodriguez, que fue quien junto a él empezó a elaborar producto que había que envolver a mano, ya que no se disponía de medios mecánicos. Se utilizaba entonces vecinos de Ateca a los que se llevaba el producto a sus casas y estos lo envolvían, luego se pasaba a recoger y se abonaba en función del trabajo realizado.

A mediados de los sesenta se construyó un edificio exclusivo para la fabricación de chocolates, con todo el proceso completo, desde la recepción del cacao en grano que había que tostar, descascarillar y moler, el proceso de mezclado de materias primas, refinado y conchado, y la formación de las tabletas y su envoltura. Esto ya contaba con toda clase de maquinaria actualizada y apropiada para la fabricación.

Desde entonces perteneció a las asociaciones de Fabricantes de Chocolates y la de Fabricantes de Caramelos y Chicles, y desarrolló funciones en los comités directivos de ambas hasta su jubilación. Estas asociaciones garantizaban un conocimiento de toda la normativa que en esos tiempos empezó a desarrollarse de forma rápida y había que conocer tanto la legislación española como la europea. Por otra parte esta labor en las asociaciones le daba información sobre la evolución de los mercados y tenía contacto con el resto de empresarios nacionales, con los que compartía problemas y situaciones.

A principios de los años setenta se comenzó la fabricación de las frutas de Aragón, que fueron referencia en el mercado por su calidad diferenciada. Al ser un producto irregular por la propia fruta, no se podía mecanizar la envoltura y se envolvía a mano. Esta labor se realizaba en la fábrica con empleados dados de alta en la seguridad social pero cuyo salario se pagaba a destajo.

Por aquel entonces consideraron que el mercado extranjero podría aportar negocio y nombraron a José Román, un jerezano que solo hablaba andaluz, pero simpático donde los haya, responsable de exportación. Éste empezó a viajar por el mundo y a pesar de sus limitaciones, se manejaba bien con las embajadas de los países que visitaba y comenzó a tener contactos que en el futuro representarían una parte importante del negocio de la empresa.

Allá por 1974, viendo que una pequeña maquinaria para fabricar barquillo para bombones no se utilizaba en Oñate, decidió traerla a Ateca y lanzar al mercado Ambrosias de Avellana, un producto de 20 gramos con cobertura de chocolate negro y dirigido al público adulto que tuvo un éxito relativo, ya que en España no existía el hábito por parte del adulto de comer dulces. Cambió entonces el concepto y lo bañó con cobertura de leche y lo lanzó al mercado infantil, dándole un nombre más apropiado para los niños, HUESITOS, que empezó desde el principio teniendo una respuesta muy positiva por parte del público infantil.

A pesar de no tener una formación académica, su intuición para el marketing era digna de asombro, ya que en todo momento sabía cuando invertir en publicidad, hacer una promoción, o lanzar un producto.

Si durante los años previos se había hecho publicidad en radio con los entonces locutores Paco Ortiz en Zaragoza y Juan de Toro o Encarna Sánchez a nivel nacional, y el eslogan “eso, eso.. chocolates Hueso”, entonces se empezó con la televisión a hacer publicidad de los Huesitos con una repercusión importante.

Luego vino el lanzamiento del Tokke, un producto de mayor tamaño y dirigido a un público menos infantil, más joven y que tuvo un éxito también notable.

La fabricación de Huesitos y Tokke había conllevado la ampliación de la fábrica y se había construido un edificio colindante a la fábrica de chocolates y el antiguo edificio del salto de agua de la acequia de Piedra. En este edificio se instalaron las nuevas oficinas dejando el espacio libre para la instalación de más líneas de fabricación de caramelos.

Con el lanzamiento de productos de barquillo, el departamento de exportación tuvo un crecimiento extraordinario ya que era un producto en el que había menos competencia y se introducía mejor que otras líneas de productos. Por entonces vinieron los éxitos de las exportaciones a Arabia Saudí del producto Samba al cliente Balsharaf y a Italia que se le vendía toneladas de Tokke a Akellas. Aparte se enviaba producto a Sudamérica, Japón y, por supuesto, dentro de Europa.

Ya el departamento de exportación se había profesionalizado y se dotó de un equipo de tres personas, y además se acudía anualmente a la feria internacional I.S.M. que se celebraba en Colonia (Alemania), exponiendo tanto los producto de Zahor como los de Hueso. El equipo, bajo la surpevisión de Ignacio Egaña y Francisco Unzurrunzaga, fué dirigido por Javier Astigarraga y los tres viajaron con frecuencia a visitar clientes a los distintos países.

Para ir mejorando la competitividad y aumentar la producción, había que automatizar e invertir, pero los medios eran escasos y entonces entabló don Francisco una relación muy estrecha con un fabricante de la República Democrática Alemana, Nagema, que fabricaba maquinaria para chocolates, caramelos y barquillo con una calidad aceptable, a un precio considerablemente inferior que los otros fabricantes de maquinaria occidentales. Viajó varias veces a la Alemania del Este para asegurarse de que podía confiar en la maquinaria que adquiria.

El mercado de caramelos era muy impersonal y en muchos casos su venta era por precio. Fue entonces cuando decidió junto con la empresa de publicidad Cid, darle nombre al caramelo de mentol eucalipto, más dirigido hacia el adulto, y buscaron el nombre de Respiral, que apoyado en publicidad hizo que fuera el caramelo líder del mercado español. Además, bajo este nombre se lanzaron otras especialidades que tuvieron éxito, como regaliz-mentol, miel-mentol y limón-mentol, además de un eucalipto sin azúcar.

También viajó a ver materia prima, y hacia finales de 1980 fue a Guinea Ecuatorial para visitar plantaciones de cacao y ver el proceso de recolección y fermentación del grano de cacao.

En 1981 tuvo un proceso de fiebres del que se desconocía el origen y que cíclicamente se le repetía. De hecho en mayo de 1981 mientras visitaba Interpack en Duselfdorf, una feria para la maquinaria de proceso y embalaje de la industria alimentaria a la que acudia cada edición para estar al día de las novedades, tuvo una crisis y estuvo ingresado en un hospital de Duseldorf durante quince días, tiempo en el que remitió la fiebre y le dieron el alta. Una vez de vuelta en Ateca y pasado un tiempo, volvió a tener un cuadro febril y el entonces médico titular del pueblo, Francisco Ubeda, diagnosticó la enfermedad, que había sido contagiada en su viaje a Guinea por la picadura de un mosquito, era malaria o paludismo, al que puso tratamiento y se consiguió controlar a partir de entonces.

Otro hito importante fue cuando en 1981 contactó con Miguel Moreno, director deportivo de equipos ciclistas, y colaboró en un equipo para la vuelta a España de ese año, que se llamó HuesoManzaneque y que sería la base para el equipo ciclista Huesitos que fue imagen de la empresa durante las tres temporadas siguientes. El equipo ciclista mejoró la imagen de Hueso y ayudó a la implantación de los huesitos en la gran distribución, donde no estaba suficientemente representado ya que su mercado hasta entonces había sido fundamentalmente el de impulso (quioscos, piperos, etc).

La empresa fue creciendo y en 1985 se comenzó la construcción de lo que a partir de 1987 sería las nuevas oficinas y almacén de producto terminado. Fue una época de expansión en mercados nacional y extranjero y que conllevó llegar a puntas de más de 300 trabajadores contratados.

A finales de 1988 fue contactado por un agente que le anunció que Cadbury Scheweppes estaba interesado en comprar Chocolates Hueso S.A. Después de meses de negociaciones, en octubre de 1989 Cadbury se hizo cargo de Hueso. A Francisco, que entonces ya contaba con 66 años, le pidieron que continuara un año dirigiendo la empresa mientras buscaban un sustituto, lo cual aceptó y finalmente se jubiló en febrero de 1991.

En 1992, el Ayuntamiento le invitó a ser pregonero de las fiestas de la Virgen de la Peana. Fué todo un honor para él y así lo manifestó en su pregón, donde agradeció a todo el pueblo el trato recibido desde su llegada, recordó que había llegado con 31 años y mucha ilusión y valoró la calidad de los trabajadores del pueblo, sin los que no hubiera sido posible triunfar.

Ya jubilado y dadas sus profundas creencias religiosas, además de continuar en el Consejo de Administración de Zahor, participó activamente de labores en la parroquia de Santiago en Zaragoza, y fue tesorero diocesano de Vida Ascendente hasta sus últimos días.

Falleció el seis de junio de 2013 a los 89 años de edad. Sus restos reposan en el cenmenterio de Polloe de San Sebastián, en el panteón familiar

La arribada de don Francisco Unzurrunzaga en Ateca con su talante emprendedor, supuso para la villa el inicio de un notable crecimiento económico que detuvo la emigración del potencial humano del sector agrario, la cual se había iniciado a raíz de la pedregada de julio de 1955 y de las riadas de agosto del mismo año y mayo del siguiente que esquilmaron el regadío y el secano y llenaron de desilusión a los agricultores. Así, mientras los pueblos del partido vieron su población diezmada, Ateca apenas si perdió un 30 por ciento de sus habitantes.

En principio, la noticia de la compra de la fábrica de chocolates por un empresario vasco (cuyo apellido parecía un trabalenguas comparándolo con los Sánchez, Júdez, o Pérez a los que estaban acostumbrados los atecanos), causó expectación entre los vecinos, e incertidumbre por el futuro de la ya casi centenaria marca Hueso y, por ende, de sus trabajadores.

Sin embargo, el donostiarra pronto se hizo familiar. Su figura alta y fornida como buen vasco, indefectiblemente se hacia presente cada día puntualmente en las calles que conducían desde su casa a la fábrica (don Francisco, don Paco, solía ir siempre andando al trabajo si no tenía previsto algún viaje). Su empaque serio denotaba una fuerte personalidad que, lejos de producir aversión, inclinaba a la simpatía gracias a su cordial saludo y trato amable.

En cuanto al futuro de la fábrica y de sus operarios pronto se disiparon las dudas. El mismo don Paco, como ya se ha dicho, comenzó a abrir el mercado fuera del ámbito local. Primero fue con una moto Iruña 202 de color marrón semimetalizado, scooter de 121 cc y tres velocidades fabricada en Pamplona por IMENSA (Industrias Mecánicas de Navarra S.A.). A la moto siguió un coche “huevo”, un raro vehículo de dos plazas con motor de motocicleta de 250-300 cc y con una sola puerta en el frente delantero, fabricado en Carabanchel por Iso Motor Italia S.A.E. y lanzado al mercado con el nombre de Isetta 200, que no se sabía muy bien si era una moto, un coche pequeño o una mini aeronave espacial.

Las ventas aumentaron y, en consecuencia, también la producción. Se amplió el personal de fábrica y oficinas; se pusieron representantes que cubrieron la piel de toro y se estableció una red de distribución. La producción de caramelos, además de aumentar la plantilla, supuso una ayuda para la economía familiar de los empleados con el sistema de su envoltura en el domicilio familiar, y con la creación del Huesitos, la fábrica alcanzó sus máximas cuotas de facturación y de puestos de trabajo cuya remuneración era envidiada por los trabajadores de otros sectores pues, en este sentido, el Comité de Empresa nunca tuvo problemas con la Dirección a la hora de renovar el convenio.

La relación jefe-obreros siempre fue cercana y mientras el uno no escatimaba las atenciones materiales (viajes de empresa turísticos, aguinaldos, gratificaciones…), los otros correspondían con su laboriosidad a la que don Paco siempre estuvo muy agradecido. Con estas palabras lo expresaba desde el balcón de la Casa Consistorial y en el libreto del programa de fiestas de la Virgen de la Peana 1992 de las que el Ayuntamiento nombró PREGONERO en atención a su trayectoria profesional: “Aprovecho esta oportunidad que se me brinda para agradecer públicamente al pueblo de Ateca por tantas y tantas atenciones que con nosotros han tenido desde el primer día de nuestra llegada. Reconozco también el esfuerzo y entrega de todos los que en este tiempo han colaborado conmigo para llevar adelante nuestra empresa ya que de no haber existido ese espíritu de colaboración nunca lo hubiéramos conseguido. Os puedo asegurar que no he perdido ocasión de proclamar que los hombres y mujeres de Ateca son unos estupendos trabajadores”.

Católico practicante, fue notable benefactor de Cáritas parroquial y no fueron pocos los trabajadores que fueron admitidos en su empresa sin otro currículo que la penuria familiar.

Como persona, don Francisco Unzurrunzaga fue respetado y querido por amigos, trabajadores, vecinos y familiares. Como empresario fue hombre laborioso y tenaz que convirtió una modesta fábrica en un emporio que, junto con otras empresas, colocaron al pueblo en la mayor gloria económica de todos los tiempos y llevó el nombre de Ateca por medio mundo. Aunque vendiera la empresa, nunca se olvidó de su obra y veinte años después, próximo el fin de sus días, tuvo ánimos para reivindicara través de las redes sociales la continuidad de HUESITOS dentro del movimiento Ateca es Chocolate promovido por los obreros de Kraff ante su inminente traslado.

Sin duda que Ateca debe mucho a este emprendedor nato, y está obligado a mostrarle su agradecimiento con un gesto que perpetúe su recuerdo.

 

(FUENTES: Para los artículos I, II y III, datos facilitados por su hijo Miguel. Para el artículo IV, Programa de Fiestas de 1992 e informaciones orales).

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